La Provvidenza del Signore è tutta rivolta verso di quelli che sono generosi.
Domenica, 26 Gennaio 2020
13 Gennaio 2011
Costituzione del Centro Provinciale delle Vocazioni (ES)

2010-12-20_Centro_Provinciale_Vocazioni

Roma, a 20 de diciembre de 2010

Instaurare omnia in Christo!

 

Objetivo:
Constitución del Centro provincial de las Vocaciones.

 

 

Queridos Directores Provinciales, Viceprovinciales y Superior Delegado
y todos los Religiosos de la Pequeña Obra de la Divina Providencia

 

                Nuestro XIII Capítulo General ha puesto particular atención en el tema de las vocaciones (cfr 13CG, 103-111) y ha dado además unas indicaciones concretas para constituir el Centro Provincial de las Vocaciones. Desde ahora, puede decirse, que casi todas las comunidades han manifestado interés por las vocaciones y algunas de ellas han expresado también iniciativas específicas. Escuchando después las intervenciones de los Padres capitulares, nos hemos dado cuenta de que la preocupación es más grande aún, por lo que el Capítulo ha considerado este tema de modo integral, para dar una respuesta más incisiva. Es necesario que nuestro empeño por las vocaciones esté mejor coordinado, tenga continuidad y abarque todos los aspectos de nuestra vida, de modo que logremos una “cultura vocacional”. Por esto quiero recordar a todos los Superiores de las Provincias, viceprovincias y la Delegación Misionera de tomar a pecho, durante las asambleas de programación, e incluso antes, y constituir el Centro Provincial de las Vocaciones, según las indicaciones dadas en la Dec. 26 del XIII Capitolo Generale (cfr 13CG, 110):

 

Cada Provincia, según la propia situación, organiza el Centro Provincial de las Vocaciones que, bajo la guía del director provincial y la respon-sabilidad de un consejero, tiene la tarea de programar con creatividad y desarrollar una constante y eficaz promoción vocacional, en el marco de una pastoral de conjunto (cfr Norme 61).

 

                El Capítulo ha valorado positivamente lo que se hace actualmente: la oración por las vocaciones, las escuelas y cursos preparatorios para los formadores en algunas provincias y el dotarse de nuevos instrumentos para un auténtico crecimiento de los jóvenes en camino. Al mismo tiempo ha notado también algunas serias preocupaciones, como por ejemplo la de no tener en nuestra Congregación un “proyecto estratégico-pedagógico” de promoción y de acompañamiento vocacional a los jóvenes”. “Un cierto relajamiento y falta de implicación por parte de muchos religiosos”, acaso una “fatiga para acoger a los jóvenes en comunidad tal vez porque ponen patas arriba nuestros programas”, y también un abandono del camino por parte de varios religiosos de profesión temporal y perpetua”. (Cfr 13CG, 105)

                Hecha la reflexión sobre el conjunto de la cuestión, el Capítulo nos ofrece indicaciones precisas: líneas de acción y decisiones. Hechas sin duda para su realización, tienen la necesidad de un sujeto que las coordine de modo ordenado y constante. Este sujeto es el Centro Provincial de las Vocaciones (cfr. 13CG, 110), guiado por el mismo superior provincial y con la responsabilidad de un consejero.

Para Don Orione, que todos identificamos como un santo de la caridad, una de las expresiones esenciales de la caridad era el cuidado de las vocaciones: “Una parte importante de nuestra caridad ejerzámosla en el cultivo de las vocaciones[1]. Pero el auténtico motivo del interés de Don Orione por las vocaciones era que son condición indispensable para que perviva el carisma: “Las vocaciones al sacerdocio de los muchachos pobres son, después del amor al Papa y a la Iglesia, el más grande ideal, el sagrado amor de mi vida.[2] Leemos en una minuta suya: “Tú bien sabes cómo insisto siempre sobre las vocaciones. Mira, yo seré el santo de las vocaciones y del Papa[3].

Don Orione en su carta del 2/05/1920 dirigida a don Pensa escribía que los grandes santos, como San Pablo, San Vicente de Paúl, San Francisco Javier, San José Benito Cottolengo, San Juan Bosco, sin la caridad no hubiesen hecho nada. “És el espíritu de Dios, el que es espíritu de celeste caridad y el que nos debe llevar a cuidar en los jóvenes las santas vocaciones religiosas y de futuros sacerdotes, porque muchas escuelas, mucha renovación de las almas, de pueblos y de obras no florecen sino con el sacerdocio, y por la vida religiosa. ¿Qué haremos nosotros si ya somos viejos y estamos casi consumidos, si no tenemos continuadores? Yo lo pienso día y noche y no me lamento tanto por las miserias humanas sino al ver la crisis que hay en la Iglesia en cuestión de vocaciones. ¡San Vicente de Paúl se vendió para rescatar a un esclavo, y seremos nosotros indiferentes y fríos en trabajar para dar a la Iglesia y a las almas buenos sacerdotes que continúen el apostolado de Jesucristo: para dar a nuestra Congregación hijos y santos que continúen las obras iniciadas por nosotros con la ayuda que Dios nos ha dado: y de los luchadores por la fe en la caridad, al servicio de la Iglesia y de las almas? Una gran parte de nuestra caridad ejerzámosla en cultivar vocaciones. Oremos a Dios para que nos mande buenas vocaciones y que suscite santos Samueles para el Santuario.[4]

 

Testigos y narradores de la vocación

Especialmente hay que recordar que es Dios quien suscita la vocación, mediante el testimonio. En el Evangelio de Juan leemos cómo Andrés, que ha respondido a la invitación de Jesús de venir y ver, dio su testimonio a su hermano Simón (Pedro) y “lo condujo a Jesús” (Jn 1,40-42). La tarea testimonial de Jesús continúa en las personas de cristianos y especialmente de religiosos que le imitan en su forma de vida terrena (pobre, célibe, obediente, en comunidad).

Desde el punto de vista humano, la vocación requiere un ánimo bien dispuesto para seguir a Jesús y esta disposición ha de ser facilitada, si quienes sienten la voz del Señor encuentran en su camino un testimonio creíble. Cada uno de nosotros, religiosos, sacerdotes o hermanos ha encontrado algún testigo que ha señalado su vocación (los padres, el catequista, el párroco o la tía monja...). Y ninguno de nosotros sería sacerdote o hermano sin un testimonio que era una prolongación del testimonio de Jesús, de Don Orione, porque la vocación recibida ha nacido por un testimonio y cada vocación tiene la finalidad de generar testimonio, hacerse testigos de lo que se cree delante de los otros.[5]

El deber de testimoniar la belleza de la secuela de Cristo es de todos los bautizados, tanto laicos como sacerdotes y consagrados porque las vocaciones germinan por el testimonio tanto de unos como de los otros. Nosotros religiosos estamos llamados a dar testimonio de Jesús con doble título, como bautizados y consagrados. Estamos llamados a ser narradores de la vocación, porque el testimonio creyente tiene en sí una fuerza que irradia, que provoca atención y crea llamada. Con este propósito el XIII Capítulo General nos recomienda desarrollar la animación vocacional y de trabajo en algunos ámbitos de la formación, junto a las PSMC y al ISO, valorando también el aporte del MLO (cfr 13CG, 109).

El Capítulo General nos invita además a una cordial acogida de los jóvenes en nuestras comunidades, con lo cual se les hará experimentar el gozo de ser parte de la Familia Orionista (cfr 13CG, 108). Don Orione escribía a propósito: “Pero habéis de ir con mucho tacto y con mucha delicadeza, con mucha prudencia también en el hablar: debemos primero renovar y transformar en la caridad el corazón de nuestros jóvenes, renovarles y transformarles en Jesucristo, y debemos en la caridad de Jesús arder nosotros, si queremos que después ardan ellos; todo se ha de reavivar si llevamos ardor en las manos y alta y bien alta en el corazón la lámpara de la caridad de Jesucristo. Un buen número de almas vendrán a nuestro alrededor para dar un fecundo y maravilloso esplendor a la Iglesia de Jesucristo Nuestro Señor, si de este modo rezamos y trabajamos”.[6]

 

Una cultura vocacional

El XIII Capítulo General nos pide crear y promover una “cultura vocacional” (cfr 13CG, 107), lo que presupone una programación y una promoción vocacional desarrollada con constancia y creatividad, en el contexto de la pastoral de conjunto (cfr 13CG, 110). Así como ya la misma palabra “cultura” indica todos los ámbitos de la vida del hombre, no nos maravilla el hecho de que el Capítulo haya indicado como campo de empeño vocacional la pastoral de conjunto, porque supone que abarca todos los niveles de la vida humana y enumera algunos: sensibilizar a las familias, acompañar espiritualmente a los muchachos y a los jóvenes, valorar el grupo de monaguillos y de ministros, acercar a los jóvenes voluntarios..., haciendo propuestas directas y explícitas a los jóvenes más sensibles (cfr 13CG, 107 e 110). Pero esta tarea debe abarcar también otros aspectos de vida, no indicados por el Capítulo, que son igualmente importantes para la promoción de la “cultura vocacional”.

El Centro Provincial de las Vocaciones está llamado a ser un centro propulsor, pero los verdaderos protagonistas son las personas que se aplican con la vida a dar testimonio como individuos y como comunidad. Por ello el éxito de esta iniciativa dependerá sobre todo del trabajo personal de cada uno de los religiosos. Don Orione pedía a sus religiosos no descuidar esta santa tarea: “Os lo suplico en Cristo, oh queridos hijos míos, no bajar la guardia en lo que Dios quiere de mí y de vosotros también respecto al cultivo de las vocaciones al igual que de los clérigos o aspirantes para nuestra santificación y para la salvación de muchas almas y de muchas multitudes de almas”.[7] Y el Capítulo pide que cada comunidad establezca tiempos y modos de actuación de iniciativas explícitamente vocacionales, tales como oración por las vocaciones, campos escuela, ejercicios espirituales, animación en las escuelas, meses o semanas vocacionales, edición de folletos... (cfr. 13CG, 111). Además también la Iglesia nos dice que "además de la oración (...) es urgente empeñarse en un anuncio explícito dentro de una catequesis adecuada... y propone hacerlo con coraje y con gozo, con la palabra y el ejemplo del seguimiento de Cristo (...) e invertir las mejores energías en la actividad vocacional y juvenil"[8].

El Centro Provincial de las Vocaciones promoverá la “cultura vocacional” ayudando a las comunidades cristianas a anunciar, llamar y acompañar las vocaciones orionistas y las demás. Promoverá la colaboración de todos, a través de diversas iniciativas: el testimonio de vida coherente, la oración por las vocaciones, la preparación de subsidios para la animación de la “Jornada vocacional”, la programación de semanas vocacionales, el trabajo continuo con las familias y las comunidades, de modo que descubran su función de mediación en el anuncio y acompañamiento de las vocaciones, etc. El testimonio de una vida madura, coherente y devota, de padres, familiares, etc, es el primer fundamento y la base de la madurez humana y cristiana de las vocaciones.[9] Don Orione escribía: “Con la piedad se cuidan las vocaciones, con la oración, con el buen ejemplo, con los Santos Sacramentos, con la rectitud de nuestra vida, con las instituciones de pías Congregaciones, con la devoción tierna a la Santísima Virgen María.[10]

Una atención particular merece la oración para las vocaciones (celebraciones, adoración, jornadas de oración, grupos de oración, etc.), especialmente aquella que no se limita a pedir a Dios el don de las vocaciones, sino que genera en los orantes la generosa disponibilidad a las llamadas del Señor que son condición indispensable para el florecer de una vocación. No se reza para “descargar” la responsabilidad sobre Dios, sino más bien para animar y sostener el empeño por las vocaciones sabiendo que ella no es el resultado científicamente cierto de nuestras estrategias, iniciativas o previsiones. Son más bien y sobre todo “un don de Dios y, como tal, se ha de invocar con una súplica incesante y confiada. En esta oración, cimiento de toda la pastoral vocacional, se han de empeñar no personas individualmente sino las comunidades eclesiales enteras”.[11] Y el 13 Capítulo General nos invita a orar y hacer orar por las vocaciones, involucrando particularmente a los hermanos ancianos y enfermos, nuestros pobres, y valorando la difusión también a nivel de provincias del Movimiento de Oración por las Vocaciones (cfr 13CG, 106).

 

Conclusión

Que nos sirva de ejemplo Don Orione con sus oraciones, las “cuestaciones de las vocaciones” y tantas otras iniciativas que se molestó por llevar adelante personalmente hasta los últimos días de su vida, acompañando a diversas jóvenes vocaciones, a quienes predicaba los llamados “retiros mínimos”, de los que nacieron después hermosas figuras de religiosos, como la de Don Ignacio Terzi, la de Don José Zambarbieri y de algún otro.

Y al final oigamos de nuevo la voz de Don Orione:

Tengo casi 50 años, pero, por la gracia de Dios, me siento todavía válido y robusto de modo que puedo aún trabajar muy bien sin ayuda de secretario. Pero si supiese que muriendo hoy, de mi tumba, o detrás de mí surgiría una vocación, quisiera pedirle a Dios que me llamase hasta Él: es suficiente con tener un sacerdote más y más joven que yo, a quien transmitir la Cruz y el Evangelio de Jesucristo, es un encargo el de ir a buscar vocaciones, en el amor al Papa y a las almas”.

“Queridos hijos míos, “confortamini et non dissolvantur manus vestrae”: dad a Jesucristo, al Papa y a este hermano vuestro y padre en el Señor esta consolación: amaos con gran y divina caridad entre vosotros y cada uno de vosotros hágase cazador de almas y de vocaciones.” (Scr 32, 16)

 

 

Don Silvestro Sowizdrzal FDP

consejero general

 



[1] Scr 115, 227.

[2] Don Orione repite esta frase en diversas cartas, especialmente en las cartas-cuestación de las vocaciones: Scr 56,135; 62,31; 63,175c; 77,103; 93,335; 108,235; 111,228).

[3] Scr 57, 138.

[4] Scr 115, 276-277.

[5] Es el proceso de traditio e redditio (testimonio recibido y testimonio dado) que ocurre en el interior de la tradición de la Iglesia. Juan Pablo II en la exhortación apostólica Pastores dabo vobis escribía que cada llamada “no viene nunca dada fuera o independientemente de la Iglesia sino que pasa siempre en la Iglesia y mediante la Iglesia”, la Iglesia es pues generadora y mediadora de vocaciones” (Pdv, 35).

[6] Scr 115, 277.

[7] Scr 115, 277.

[8] Cfr VC 64.

[9] Juan Pablo II decía que la familia es el primer seminario.

[10] Scr 115, 277.

[11] Cfr Pdv, 38.

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